ALEJANDRA PIZARNIK
Arquitecta gestora de
las letras
diseñó un proyecto de
avanzada,
y con trazos de tono
literario
levantó edificios de
esperanza.
En los “Diarios” vivían
pesadillas
que rondaban la mente de
Alejandra;
obsesiones de
muertes y suicidios
y una crisis fatal que la
aquejaba.
Sus poemas bañados de
belleza
sostenían la gloria de su
fama,
y un torrente de ideas
surrealistas
corría por una cauce de
palabras.
Le dio vida a una serie de
creaciones
a partir de aquel “Diario
de Diana”,
y un compendio genial de
“Obras Completas”
expandió su decir como
oriflama.
Supo dar a su verba de
poeta
sentimiento y humor en
amalgama,
y le dio con imágenes
floridas
el sublime realce de su
alma.
En la búsqueda gris de lo
infinito
por el rumbo de penas y
amenazas,
los escritos inmersos en su
lira
han dejado la impronta
“pizarkniana”.
Juan Carlos Pirali
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