miércoles, 13 de mayo de 2020


LA ÚLTIMA PAYADA
Todavía retumbaban los ecos de la injusta guerra de la Argentina con el Brasil. El país se debatía en una tensa situación política. Las luchas intestinas se agudizaban. El incipiente pueblo de Dolores, ubicado a pocas leguas al sur del río Salado, en la provincia de Buenos Aires, era apenas un disperso caserío cercano al Monte del Tordillo. Un lugar elegido como segura guarida por prófugos de la justicia. Allí buscaban eludir el alcance de las levas, al amparo de densos montes de talas y coronillos.
Un día llegó a ese pago un mozo, que vestía una típica indumentaria inglesa, en contraste con la forma de vestir de los habitantes de la campaña bonaerense. Según decían los paisanos, era un hombre “muy leido”  y muy “letrao”. Pronto se mezcló con la paisanada de pocas palabras. A ellos les hablaba con una ágil y pulida verba y asombraba a todos por su sabiduría. Decía que venía de Mendoza, donde había fundado tres periódicos para defender las ideas reformistas de Rivadavia. Pero al dejar éste el gobierno debió abandonar su provincia. Estuvo radicado en Dolores, donde había instalado una pulpería. Allí, además de aguardiente, vendía versos escritos por él en cartulinas, con delicada caligrafía y además, los cantaba al compás de su guitarra.
Su poesía reflejaba en ocasiones, las costumbres de los habitantes rurales, pero, también dedicaba temas a exaltar los valores culturales europeos. Esto último no llegaba con agrado a los paisanos del pago. A ellos les molestaba sus alabanzas a los gringos y que usara vestimenta como aquellos.
Su comercio tuvo un promisorio comienzo, pero, por sus elogios a las costumbres extranjeras, fue perdiendo confiabilidad, hasta que cerró la pulpería.
De espíritu andariego, comenzó a recorrer la región del Tuyú con su guitarra, y al son de su música vertía versos repentinos que eran escuchados con atención en ranchos y pulperías, sobre todo, porque le impuso una impronta más criolla y patriótica, dedicándose a escribir temas a pedido de los parroquianos por dos reales.
Esa habilidad para el canto improvisado creó en su entorno una extraña leyenda, ganándose el mote de “diablo en persona” y, por considerarlo un ser que tenía algún pacto con el más allá, más de un paisano al cruzarse con este forastero se santiguaba con temor.
En sus andanzas llegó a la estancia “El Tuyú” de la familia Sáenz Valiente. Allí fue recibido con agrado por sus propietarios. En ese lugar llamó la atención, su sabiduría y destreza para hilvanar versos improvisados. Esa condición hizo que lo identificaran como un ser sobrenatural.
Cierta noche, llegó a la estancia con su guitarra, un gaucho conocido en el pago por su fama de payador imbatible. Vestía chiripá y chaqueta  de color negro. Venía de Dolores. Formó rueda en el fogón, donde el amargo corría de mano en mano como un criollo rito de integración. A pedido de los presentes templó el instrumento y al compás de los suaves acordes de un “triste”, desgranó sentidos versos improvisados, que recibieron con aprobación quienes los escuchaban.
El forastero, que escuchaba con atención, desafió al recién llegado a payar de contrapunto. Tras la aceptación al duelo literario, comenzaron la payada. Se abordaron los más diversos temas. Ninguno de los dos cedía ante el embate del otro. Pasaron horas en el enfrentamiento. Hasta que el payador del pago se rindió. El forastero después de pernoctar siguió con sus andanzas y permaneció un tiempo más en Dolores, hasta que regresó a su pago cuando sus enemigos políticos ya no tenían poder.
Al día siguiente  de la memorable payada, hallaron muerto al vencido al pie de un frondoso tala. Su nombre era Santos Vega, el payador inmortalizado en los versos de  Hilario Ascasubi y Rafael Obligado. Según la leyenda, éste murió de pena después de perder la payada.
El vencedor era Juan Gualberto Godoy, poeta y periodista mendocino. Uno de los iniciadores de la poesía gauchesca, junto a Bartolomé Hidalgo. Identificado por los paisanos como “el diablo en persona”. Para ellos sólo el diablo podía vencer a Santos Vega.
Cuando  volvió a Mendoza,  Godoy donde buscó refugio en la religión. Falleció anciano y en la pobreza, al derrumbarse la iglesia de aquella ciudad como consecuencia de un terremoto.
Quedó en el recuerdo por ser el único payador que pudo vencer a Santos Vega. Fue la última payada del legendario payador del Tuyú.
                                                                                                            Juan Carlos Pirali

                                                 
                                                          


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